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La violencia como forma de comunicación

Por: Hugo Sánchez Ortíz


Toda esta semana he estado viendo reportes de cómo se espera que la violencia intrafamiliar crezca en todos los aspectos y formas, los homicidios no han bajado en lo mas mínimo (de hecho, creo que en algunos lugares aumentaron). El 5 de abril, las Naciones Unidas hicieron un llamado a realizar acciones urgentes para combatir el aumento mundial de la violencia doméstica. “Les pido a todos los gobiernos a que le den prioridad a la seguridad de las mujeres mientras responden a la pandemia”, escribió en Twitter el secretario general António Guterres. Sin embargo, en general, los gobiernos han fracasado en prepararse para responder a las nuevas oportunidades generadas por las nuevas medidas de salud pública para que los abusadores aterroricen a sus víctimas. Ahora, muchos gobiernos están teniendo dificultades para ofrecer asistencia a los que están en riesgo. Y no voy a venir aquí a decir que descubrí el hilo negro, pero vamos, cuando creces en un entorno familiar violento, para después entrar en un entorno laboral que también es violento (tal vez de un modo pasivo [broculture, hipersexualisacion, etc.]) y al decidir estar con una pareja donde la violencia reina en ese nuevo entorno, no es fácil identificar los procesos que nos ponen en riesgo, pero tampoco es imposible cambiarlos o cortarlos. El confinamiento aviva la tensión y el estrés generados por preocupaciones relacionadas con la seguridad, la salud y el dinero. Asimismo, refuerza el aislamiento de las personas que tienen compañeros violentos, separándolas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas. Es la situación perfecta para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar. La persona tiene que tener las herramientas necesarias para salir de esas situaciones y nosotros como sociedad (gobierno, autoridad, comunidad) tenemos obligación moral de ayudar, si en mi casa recibo un golpe y salirme de esta me va a poner en un riesgo mayor, se sobrentiende que la decisión no va a ser fácil, pero aun así es la RESPONSABILIDAD de buscar mejores condiciones de vida lo que nos empuja a arriesgar perder lo poco que uno tiene para tener la posibilidad de ganar mucho, para vivir mejor… para ser feliz (o mínimo para estar tranquilo). Además de la violencia física, la cual no está presente en todas las relaciones abusivas, las herramientas comunes del abuso incluyen el aislamiento de los amigos, familiares y empleos; vigilancia constante; reglas estrictas y detalladas de comportamiento, y restricciones de acceso a necesidades básicas como alimentos, ropa e instalaciones sanitarias Cuando al consultorio llegan pacientes que sufren de violencia nos damos cuenta que en general no solemos reconocerla del todo, seguimos siendo estas criaturas totalmente regidas por estímulos animales, las cuales resolvemos casi todos los problemas a través de una demostración violenta de poder y fuerza, ejemplo. Ciclo de la Violencia El ciclo de la violencia es un modelo desarrollado para explicar la complejidad y la co-existencia del abuso con comportamientos amorosos. Es útil, para aquellos que nunca han experimentado violencia doméstica, entender que la ruptura del ciclo de la violencia es mucho más complicado que simplemente huir o salirse del ciclo. Fase de Tensión Esta dura usualmente por un periodo de tiempo, tal vez semanas o meses. Crece el estrés y se derrumba la comunicación. Los abusadores a menudo abusan verbalmente de sus parejas, e incidentes “menores” de violencia pueden ocurrir. Las víctimas sienten un peligro creciente y con frecuencia se refieren a estos sentimientos como si estuvieran “pisando huevos” durante este periodo, tratando de anticiparse al humor del abusador. Familiares y amigos pueden negar o minimizar el peligro en esta etapa. Fase Aguda o de Crisis En esta fase, la tensión ha aumentado y finalmente estalla la violencia. Este es un periodo explosivo e impredecible, que usualmente perdura entre 24 y 72 horas, lo cual puede resultar en lesiones serias e incluso la muerte. El incidente es producto del estado emocional del abusador o un evento externo, en vez de algo que la víctima haya hecho. Durante este periodo la víctima realiza acciones para sobrevivir al abuso. Estas pueden incluir la acomodación a las demandas del abusador o tratar de escapar. Fase de Calma o de Luna de Miel Después de la fase de crisis violenta del ciclo, el abusador pasa a un periodo más calmo que a veces es denominado como la Fase de Luna de Miel. Esta fase puede durar desde días a semanas e incluso meses. Durante esta fase, el abusador puede mostrarse arrepentido, suplicante para su perdón, y promete que esto nunca volverá a suceder otra vez. La víctima quiere creer que esto es verdad. El abusador puede lucir vulnerable, causando en la víctima un sentimiento de culpa y responsabilidad por el bienestar del abusador. La víctima puede sentirse agotada y los niños pueden convertirse en cuidadores, tomando la responsabilidad de mantener la paz. Al principio, familiares y amigos pueden recibir esta etapa queriendo creer que la violencia no ocurrirá. Pero este no es el caso. Por un periodo de tiempo puede haber cambios en el ciclo. La Fase de Luna de Miel puede volverse más corta, y la tensión y la violencia pueden aumentar. Algunas víctimas declaran que nunca han experimentado un abusador arrepentido o amoroso, sino que simplemente ven una disminución de la tensión antes del inicio de un nuevo ciclo. Cuando se inicia el ciclo, la víctima comienza a entrar y salir de la relación. A menudo se necesitan muchos intentos para tomar una decisión final y salir definitivamente de la relación violenta. El corte del ciclo de violencia siempre se basa en la valentia, en la voluntad…. en la responsabilidad de nosotros mismos, de nuesta salud y de nuestro entorno. Para cerrar... Con el tiempo, las cuarentenas terminarán. Pero mientras el confinamiento se siga prolongando, el peligro probablemente se intensificará. Los estudios muestran que los abusadores tienen más probabilidades de asesinar a sus parejas y a otros tras pasar por crisis personales, entre ellas pérdida de empleo o grandes fracasos financieros. Con la COVID-19 devastando a la economía, este tipo de crisis se volverán mucho más frecuentes, y recordemos, no solo las mujeres sufren violencia… Cuidemonos todos.




 
 
 

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